
Se reconocen dos formas de conjuntivitis bacteriana: aguda, subaguda y crónica. La conjuntivitis bacteriana aguda puede ser de curación espontánea cuando se debe a ciertos microorganismos. Su evolución puede durar hasta dos semanas si no se administra tratamiento adecuado.
La conjuntivitis bacteriana aguda se puede volver crónica. Por lo general, el tratamiento con uno de los agentes antibacterianos existentes resuelve el transtorno en pocos días.
Algunas conjuntivitis pueden llevar a complicaciones graves si no se trata en forma temprana.
Se debe a una reacción excesiva frente a sustancias inertes que sólo provocan respuesta en algunos sujetos. Por ejemplo, la pesencia de algunos elementos como el polvo de la casa, ciertos pólenes o el pelo de los animales, suscita una intensa reacción en ciertas personas, pero en la mayoría no producen acción alguna. Estas personas hipersensibles (alérgicas o atópicas) manifiestan síntomas alérgicos en una o varias partes de su cuerpo al entrar en contacto con esas determinadas sustancias (alergenos).
La conjuntivitis alérgica más habitual es la primaveral. Los alergenos son pólenes de ciertas plantas que polinizan precisamente en esas fechas. Esta conjuntivitis se caracteriza por episodios repetitivos, agudos, de ojo de color "rosado", con intenso quemor y esquemosis, a veces muy llamativa y que se asocia a edema palpebral.
En las terminaciones nerviosas, la histamina estimula la propagación de sensaciones de picor, que si son exageradas pueden llegar al dolor. Al librarse más histamina por el rascado, la sintomatología aumenta y el ojo empeora de aspecto.
Existen otras conjuntivitis alérgicas como las perennes, en relación con alergenos que se hallan en el ambiente de manera constante.